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PIPE YANGUAS / TEXTOS

Desbrozando el universo creativo de Pipe Yanguas

Havana,

Escribir sobre Pipe Yanguas, no parece cosa fácil, a pesar de la aparente simplicidad, la agudeza de soluciones, y el pragmatismo con que parecieran resolverse cada una de sus propuestas. Fotógrafo, pintor, muralista y diseñador, no solo se presenta como un artista transmedial, al hacer uso de diferentes medios y soportes, sino por una operatoria estético artística que unifica cada una de sus experiencias de vida y fenómenos artísticos y creativos muy diversos.

Hijo de madre arquitecta y padre joyero, su infancia transcurre en el entorno paradisíaco del Valle del Cauca en Cali, Colombia y en Dresden, Alemania. Desarrolla su vida estudiantil y profesional en el centro urbano, turístico y financiero de Miami y en Milán, Italia. Ambas etapas han gestado una balanza de intereses dentro de una vocación empresarial y de servicio a través del diseño, la fotografía, y la obra para espacios urbanísticos y arquitectónicos públicos y privados. Las potencialidades comunicativas del diseño, la imantación entre arquitectura, diseño y urbanismo, y el papel del arte como práctica y sistema capaz de transversalizar muchas áreas de nuestras vidas, le permitieron asimismo entronizar el rol del artista como agente cultural, estableciendo vínculos entre sujetos y prácticas socioculturales que le preceden o, haciendo de sus nuevas prácticas una oferta diferente y fundacional.

Se trata de uno de esos artistas que, sin proponérselo, ilustran las variantes más acertadas de lo que se entiende por altermodernidad, arte relacional, y artista radicante, términos acuñados por el curador y teórico Nicolás Bourriaud para hablar de cambios acaecidos y derivados de las prácticas artísticas de la globalidad, correspondientes tanto a los centros de poder simbólico como al Sur Global1. Estamos hablando de artistas capaces de ofrecer una visión conjunta de viejas y nuevas utopías, como respuesta a aquella primera modernidad “incompleta”2; de artistas insistentes en la búsqueda de un equilibrio entre las vidas individuales y las aspiraciones colectivas; y de artista que, sin anclajes precisos, son capaces de ofrecer beneficios intelectuales y artísticos a las regiones, países, o comunidades por donde transitan y con las cuales se relacionan.

Pipe Yanguas cuenta que, a inicios del 2020, encontrándose en casa de sus padres a orillas del río Pance, en Cali, Colombia, aislado por la pandemia del Covid 19, descubre un curioso insecto, la Ninfa del Chinche Gigante del Mezquite cuyo cuerpo, como salido de la más asombrosa pintura abstracta, se mostraba en un diseño de puntos y líneas con una belleza extraordinaria. El artista conserva su fotografía y lo muestra con orgullo para dar fe de una señal que, en aquellas inusitadas circunstancias, entendería como un código de sobrevida y nuevas oportunidades.

Esta estructura inicial sustentada en tres elementos básicos –la línea, el punto y lo espacial– serviría de inspiración para un despliegue de obras que crecieron en diferentes direcciones y se expandieron en un tiempo relativamente corto, alcanzando tanto a toda la obra autónoma como a la pintura mural. Nociones elementales de forma y diseño, resultaron trazos, fragmentos o inversiones que iban de lo representado a lo desestructurado y viceversa. La línea, el punto y lo espacial crearon un núcleo de atracción y un código de conformación de mensajes. Blancos y negros, dorados y plateados, pasando por todas las gamas posibles de los primarios -rojo, amarillo, azul- y sus combinaciones, se adaptaron de manera orgánica y natural a los entornos, adhiriéndose en cada momento a una experiencia concreta de vida y habitabilidad.

Pipe ha transitado por diferentes momentos de lo que sería un análisis sociológico de las relaciones entre el arte y las audiencias al crear a través de una negociación de lo simbólico, elementos de identificación y cohesión entre públicos tan distantes como los de Cali, Miami, Dubai, o La Habana y de instituciones como galerías, museos, eventos internacionales y espacios públicos. Estudia con rigor los entornos públicos o privados para los que habrá de producirse la obra que, si bien autónoma, en muchos casos existirá como complemento de la arquitectura, y dentro de un hábitat o concurrencia de la vida que allí tiene lugar. Asimismo, con el uso de la fotografía, sigue con asiduidad a su público más cercano, amigos, admiradores, coleccionistas, clientes de su oficina de diseño o colaboradores de las ciudades en que suele trabajar.

La fotobiografía, que desarrollo en Milán con orígenes en el Istituto Europeo di Design, es uno de los géneros con el que congratula y da seguimiento a esa audiencia internacional, documentando un devenir familiar cuya trayectoria se haría pública solo con el consentimiento previamente establecido y donde pueden aparecer sus murales y pinturas. Estos photobook o libros de artista pueden también compilar murales públicos de diferentes escenarios o ciudades con sus protagonistas locales, quienes complementan y añaden sentido a la obra, asumiendo que ella no existe en su autonomía sino en el contacto diario con aquellos que la consumen y la replican en sus vidas.

Asimismo, asume la obra autónoma -fotografía, pintura o escultura-, como parte de un diálogo que contribuye al nexo entre el “adentro” y el “afuera” dando continuidad a ideas, contenidos y soluciones que se mantienen en conexión a partir de la visibilidad y la legitimidad social que ha alcanzado su propuesta. Aún en los casos en que uno u otro tipo de obra parezcan desligarse, hay un código común que se lo impide y que trasciende en este caso lo estilístico y la existencia pública o privada y es la fe en una existencia consensuada, que nace de la propia filosofía de vida del autor, basada en transacciones que irradian hacia nuevas formas de convivencia.

Pipe es también su propio empresario. Conocedor de técnicas de marketing y publicidad, no escatima esfuerzos ni horarios en trabajar arduamente en diferentes variantes y lógicas de desarrollo, las que también se nutren de ese carácter corporativo y de un concepto ampliado del diseño y la comunicación en la cultura. En igual medida, su potencial cosmopolita nace de las operatorias y estrategias en las que se enfrasca la obra donde el valor estético no pasa a un segundo plano como suele ocurrir con otras expresiones del arte colaborativo y participativo.

El sentido estético de la obra y los presupuestos desde los cuales se articula es en este caso parte de su éxito en el diálogo con las audiencias contemporáneas permitiéndole alcanzar resonancias cada vez mayores en la búsqueda de públicos y de condiciones para nuevas interacciones. La tendencia a la abstracción, como elemento básico de desarrollo de las composiciones (líneas y puntos) se convierten en imágenes y narrativas de fácil comprensión de un mundo interconectado aunque paradójicamente cada vez más fragmentado; la existencia de un código visual proveniente de la naturaleza y asumido como base del ejercicio artístico es de por sí una raíz contundente y crea sinergias basadas en referentes, imágenes y símbolos de propensión universal -o global- que el artista se preocupa por sostener; mientras que la obra de arte como mediación para experiencias y dinámicas inmersivas y transformadoras del propio hecho artístico sienta base para una asunción si se quiere parcial del potencial de lo estético como instancia movilizadora.

Para el proyecto público Acera Sur - Detrás del Muro de la 15 Bienal de La Habana, Pipe escogió una zona muy cualificada. De un lado, la acera del Deauville, simpático y modesto hotel capitalino que, a pesar de los años, mantiene intacta su fachada de portales, columnas y cristales que llaman a su interior y permiten ver, desde dentro, cuanto acontece en el exterior. Del otro, y en la misma esquina de Galiano y Malecón, la controversial y nunca ignorada cabeza de gran formato Primavera del escultor cubano Rafael Miranda San Juan cuya belleza extemporánea nos coloca ante la idea permanente de un renacer. Al fondo una pared cubierta de accidentes, desgastes, graffities sobre la que el artista decidirá emprender su nueva aventura visual. Verdes, amarillos y negros dibujan un paisaje elocuente, un amanecer (o quizás un atardecer) que, cual espejo, sincroniza con aquel que cada día veremos al otro lado del muro del malecón, allá lejos sobre el mar.

Este enclave es fundamental si tenemos en cuenta aquel recurso inmanente del arte que se considera autónomo, cuya referencialidad es circunscrita a sus propias condiciones. Aquí vemos una transgresión de su propio status. Al escoger uno de las áreas posiblemente más contaminada de la “acera sur”, dando lugar a lecturas, profanaciones e imbricaciones que dialogan con el carácter múltiple, heterodoxo de la ciudad, convierte la propia ciudad en contenido, enriqueciendo su propuesta como llamado a la participación ciudadana.

Pipe no conjura aquí con el espíritu purista de aquellos murales realizados en casas y estudios de amigos y clientes. Se embriaga del espíritu de la ciudad y asume lo que podría ser el carácter temporal y no definitivo de la obra sujeta a futuros vaivenes y circunstancias. Textos como “bravo”, “cartas q quemé”, “crónicas”, “apocalipsis”, “runaway”, “toy casi muerto”… dejan hablar a través de él a sujetos portadores de aquellas vivencias disímiles, mientras fotografía a algunos de ellos como constancia del intercambio de energías, de la colaboración y de nuevos y potenciales significados.

Una segunda pieza, Hemoglobina, convertía el referente de los “glóbulos” rojos en una instalación compuesta por tres cubos de igual tonalidad calados con puntos y líneas que transparentaban y transpiraban el color y el oxígeno de la ciudad. Sin embargo, ubicados en la misma acera sur, protagonizaban un diálogo distinto de reclamo con las galerías o cobertizos del encumbrado hotel Paseo del Prado. Aunque el sentido original de la pieza pudo haber respondido a otros requerimientos e intenciones, ubicados en los límites de sus portales, estos tres cubos se impusieron ante la posibilidad de quedar ajenos e insignificantes frente a la mole turística, denunciando una falta total de conexión “sanguínea” de esta con la ciudad. Ambos casos constituyen ejemplos diferentes y significativos de la interconexión y el rol de las audiencias y los espacios como entes portadores de contenidos que el artista habrá de tener en cuenta y activar a la hora de concebir las estrategias de su obra.

Para concluir habría que decir que la obra de Pipe Yanguas responde a un paradigma artístico al mismo tiempo endógeno y exógeno, cuya capacidad de inserción en las dinámicas del día a día, denota una visión humanista anclada en los flujos y complejidades de la vida cotidiana. No obstante, su potencial radica en la entrega, interpretación y satisfacción de los sueños y deseos, en la búsqueda y consecución de alegrías y breves instantes de realización personal, y en la necesaria exteriorización de lo subjetivo para una recuperación del capital emancipatorio del arte.

Notas

  1. Nicolás Bourriaud. Eventos Teóricos de la 8va y 9na Bienal de La Habana. Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, La Habana, 2003 y 2006.
  2. Jurgen Habermas. “La Modernidad, un proyecto incompleto”. (Hall Foster. editor. 1988). La Postmodernidad, Editorial Kairós. México D.F.